El Bosque es el tercer álbum de Merino y el segundo proyecto que desarrollo junto a la banda. Un trabajo profundamente autobiográfico que recorre distintos momentos vitales de Sandra, vocalista y compositora del grupo, desde la infancia hasta la adultez.
El proyecto parte de la idea del bosque como metáfora: un lugar simbólico donde conviven recuerdos, emociones y procesos personales.
Enfoque creativo
La dirección de arte se construyó desde una estética más artesanal y emocional, alejándose de proyectos anteriores para abrazar un lenguaje visual íntimo, cercano al diario personal.
Cada canción funciona como una parada dentro de un recorrido emocional, representada visualmente a través de composiciones que mezclan fotografía, collage, papel manuscrito y elementos simbólicos.
Desarrollo visual
La identidad visual de los singles se construyó a partir de figuras de origami realizadas con fragmentos manuscritos de las propias letras del álbum, reforzando la idea de transformación: convertir recuerdos, heridas y emociones en algo tangible y bello.
Las composiciones funcionan como pequeñas escenas narrativas donde las letras, los materiales y la fotografía se entrelazan para mantener una coherencia visual a lo largo de todo el proyecto.
Resultado final
La portada sitúa a Sandra y Alex dentro de su propio “bosque” interior, un espacio simbólico al que siempre se puede volver. Las letras del disco aparecen integradas en el vestuario, así como en distintas piezas visuales del proyecto, creando continuidad y una identidad reconocible entre álbum y singles.
Edición física y detalles
La edición física fue cuidada al detalle. El CD incluía textos que acompañaban las canciones y una tarjeta plantable con semillas, invitando al oyente a “sembrar su propio bosque”.
Las primeras copias incorporaban además un colgante hecho a mano por mi, con la palabra Raíz, uno de los símbolos centrales del proyecto.
El Bosque fue un proyecto de largo recorrido en el que cada decisión visual buscó acompañar el universo emocional del álbum desde un lugar honesto y simbólico. Más allá de construir una identidad gráfica, el reto consistió en traducir recuerdos, emociones y canciones en un lenguaje visual coherente, sensible y reconocible.
El resultado es un sistema visual que conecta álbum, singles y edición física bajo una misma narrativa: la idea de un bosque interior al que siempre se puede volver.
Dirección de arte y diseño gráfico: María Vaquero
Fotografía: Marina Benítez
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